lunes, 16 de abril de 2012

La rutina mata; eso lo sabia desde ya hace mucho tiempo. Al poco tiempo que ya era un hombre casado y los días eran siempre lo mismo: levantarse temprano, desayunar, ir a trabajar, trabajar, volver a casa, cenar, dormir y otra vez comenzaba el siguiente día; siempre lo mismo, siempre la misma aburrida rutina. Hacia ya varios años que Ricardo estaba casado con Martina, fue un casamiento básico y al no le gusto mucho la idea de que las dos familias se juntaran en un mismo lugar al mismo tiempo solo por dos cuestiones : primera, le daba vergüenza su familia y segundo se llevaba pésimo con su suegro. Pero en fin, no todo fue tan malo , hubo una pequeña charla en el baño en la cual el padre de su reciente esposa le dijo que de ahora en mas era de la familia y que tendrían que empezar a llevarse bien sin importar que, Ricardo intento poder convivir bien con su suegro, cenas de domingo, algún que otro cumpleaños de la familia pero si uno se ponía a ver bien como eran las cosas, no tardabas en darte cuenta que entre los dos no había química y nunca la iba a haber.
Su familia nunca fue una familia ejemplar, ya por el mero hecho de que solo tenia una madre, su padre un golpeador y abusivo estuvo preso en Catamarca, su lugar de origen, por haber querido abusar de una vecina y luego golpearla con una plancha cuando esta se rehuso a querer tener relaciones con el, lo que siempre pasaba con su esposa, la diferencia que en vez de usar una plancha, utilizaba otros utensillos y en vez de acudir a la comisaria a hacer la denuncia, su esposa solo se tragaba el dolor y aguantaba por el bien de sus hijos, hasta que Ricardo los vio en una discusión y se dio cuenta que su familia iba por mal camino y tuvo que llamar a la policía. Asi fue como una tarde de Sabado, el pequeño Ricardito fue testigo de ver como se llevaban a su propio padre a la cárcel, es mas antes de cruzar el umbral de la puerta acarriado por dos policías, cruzo una mirada con su padre, que hasta el dia de hoy no se pudo olvidar.
En la actualidad vive en Caballito y trabaja en esta gran empresa de lacteos, empezó como un simple ejecutivo pero no podía negarlo, era bueno para los negocios y en poco tiempo ascendió hasta alcanzar un puesto en el que estaba satisfecho y podía controlar a los demás, eso era lo que a Ricardo le gustaba. Vive con Martina en su acogedor y pequeño apartamento, con un lindo auto por lo menos no tan pasado de moda y en buen uso y con una vida particularmente normal. Lastima que todo esto es lo que piensa Ricardo, pero la realidad siempre es otra depende de quien la mire.
En la empresa un tiempo antes de casarse, entro una preciosa y joven mujer buscando empleo, tez morena, pelo castaño con unas betas pelirrojas, ojos miel y unos labios muy pero muy carnosos, eso era lo que mas le gustaba a Ricardo. No pudo contenerse, la espiaba y la miraba, ella por suerte trabajaba en un piso mas abajo que el y de vez en cuando la podía ver, aunque nunca se animo a hablarle ya que el era un hombre comprometido. Un dia le llego la noticia que su “platónico” amor subiría al segundo piso para tener una entrevista de trabajo para poder comenzar a trabajar de secretaria de piso y justamente el agasajado en relizar esa entrevista era el mismísimo Ricardo. Duro 35 minutos, de los cuales 30 se la paso traspirando y mirando vagamente sus pechos y su boca, se dejaba llevar intensamente por su imaginación y mientras ella hablaba de sus estudios y experiencias, el se la imaginaba desnuda teniendo relaciones y gimiéndole al odio, arriba del mismo escritorio en el cual ahora estaban teniendo esta adorable entrevista. Es obvio que a los días, ella comenzó a trabajar como su secretaria y al tiempo Ricardo empezó a notar que lo seducía, no pasaba por la cabeza de Ricardo. Todo lo que la mujer hacia para el era un acto de seducción, de intimidación, para el, ella estaba totalmente entragada a sus brazos, solo hacia falta una cosa : dar el primer paso. Casi al horario de salida, el la mando a llamar por unos supuestos documentos para firmar y cuando ella llego, lentamente se paro al lado de ella y le dijo al oído –“Que te parece si cierro la puertita y nos quedamos un ratito mas aca, la podemos pasar bastante bien eh”. Para el , fue su aliento o la manera en que en una frase tan corta dijo tantos diminutivos, pero su secretaria al instante lo vio con asco y cuando el se le quizo acercar le dio un primer cachetazo dejándole el pomulo colorado, el problema fue al segundo cuando Ricardo atrapo su mano y de un solo movimiento la empujo contra el escritorio tirándola arriba de el y tirando al suelo una lámpara de oficina, ella empezó a gritar pero el le tapo la boca y pudo tocarla un poco antes que esta le de con un cenicero en la cabeza y se vaya gritando. Al otro dia, la mando a llamar y se alegro en saber que no le había dicho nada a nadie sobre el incidente, pero como sabemos a Ricardo le fascina el poder y esa tarde le dijo –“Mira piba, entre nosotros aca no paso nada entendes? Vos aca ayer no estuviste y arriba de este escritorio no pasaron nada mas que papeles y documentos entendido? Porque vos sos una pendeja muy chica para quedarte sin empleo y para que en tu curriculum figure un fuerte problema en sociabilizar con el entorno y repitente incompetencia laboral no?” Fue asi de fácil, nunca dijo nada y hasta el dia de hoy no hace nada mas que recibir ordenes de el y alguna que otra mirada o comentario abusivo.
Con respecto a su matrimonio era prácticamente igual, las cosas se hacían cuando el quería y como querían y solo cuando el las quería. No había “no” ni “pero” en su relación al menos en el trato que el tenia que recibir y cuando las cosas se iban de mambo o no las podía controlar con la palabra, usaba lo que el, un fuerte machiste de toda la vida, decía que era la gran diferencia entre el hombre y la mujer : la fuerza. Miles de veces cuando su matrimonio entraba en crisis por varios motivos, el los tranquilizaba o les tiraba un paño de agua fría, dándole algunos golpes a Martina. Siempre era le mejor solución, era fácil, sin ningún problema y parecía que su esposa siempre entendía, ademas el siempre controlo sus impulsos, los moretones no tenían que ser muy grandes y tenían que ser en partes del cuerpo donde no se podían ver con tanta facilidad. Asi fácilmente tomaba las riendas de su matrimonio, dentro de su cabeza, dentro de su punto de vista las cosas iban perfectamente bien : su mujer golpeada casi esclava a un matrimonio en el cual ya no tenia ninguna salida saludable, una secretaria amante con casi la misma suerte que su esposa, un buen empleo y un cuerpo saludable con el que tratar. Porque Ricardo aunque no iba al gimnasio tenia un cuerpo fornido, pelo enrulado negro y unos ojos marrones azabache que intimidaban, era bastante alto y tenia unas manos bien grandes. Los morentones de Martina lo comprobaban.
Ese dia Ricardo volvió de trabajar un poco molesto, el dia no fue bueno, las cosas no estaban saliendo como querían, la secretaria lo había ignorado y hasta lo miraba con desprecio y cuando llego encontró a su mujer llorando en el baño en vez de estar cocinando o preparando la merienda que es lo que debe hacer. Poco a poco se empezó a enojar y no había nada peor que Ricardo enojado, porque el sabia donde se encontraban los limites, pero cuando se enojaba, se cegaba y alguien ciego no puede ver y el ese dia no pudo ver muy bien los limites.

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